Hombres encapuchados intimidan a la Zona Humanitaria de Caracolí

El 22 de octubre dos hombres vestidos de negro y con pasamontañas fueron vistos por una mujer quien se encontraba recogiendo leña afuera de la Zona Humanitaria de Caracolí. Ella inmediatamente regresó a la Zona Humanitaria e informó a su comunidad y a Justicia y Paz de la situación. Mientras tanto, varios miembros de la comunidad que estaban haciendo vueltas en un pueblo cercano esperaron hasta que era seguro para regresar.

En situaciones potencialmente peligrosas como esta, Justicia y Paz notifica a autoridades del gobierno y verifica los detalles de lo que pasó. Dado el contexto en Curvaradó y Jiguamiandó, Justicia y Paz se encuentra obligado a empezar en Bogotá y contactarse con la Oficina de la Vicepresidencia. Solamente la presión de las autoridades más altas del gobierno colombiano puede hacer que las unidades locales de la policía y el ejército tomen acción, aunque muchas veces se contentan con la respuesta que da el ejercito, que muchas veces no ha correspondido a la verdad, tal como Justicia y Paz lo ha advertido en reuniones de seguimiento de las Medidas Provisionales.

La Zona Humanitaria de Caracolí fue fundada en 2006 y trece familias pertenecen a ella. Ellos enfrentan luchas diarias en contra de ganaderos que quieren sacarlos del territorio. Sin embargo, la Zona Humanitaria de Caracolí tiene solicitud de medidas cautelares colectivas a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. A pesar de la visibilidad internacional, miembros de la Zona Humanitaria reciben amenazas de muerte y señalamientos mientras que la comunidad como tal es hostigada e intimidada de muchas formas. Como resultado de las exigencias de las comunidades por justicia, la propia Corte Constitucional de Colombia ordenó el desalojo de foráneos de la comunidad en el Auto 202 de 2009.

Ya estaba atardeciendo cuando salimos de la Zona Humanitaria de Camelias para verificar lo que paso en Caracolí. Llegamos a Brisas a las 7:30 p.m. y nos encontramos con los miembros de la comunidad que estaban esperando para regresar a sus casas. Brisas es un pueblo sobre el Rio Curvaradó y tiene una presencia permanente de la Brigada 17 del Ejercito Colombiano y es un punto de control de los paramilitares de la zona. Rápidamente nos montamos en mototaxis y salimos para Caracolí.

Hay que caminar dos kilómetros desde la carretera más cercana para entrar a la Zona Humanitaria de Caracolí. Después de que pagamos a los mototaxis y empezamos a caminar hacia la comunidad, una motocicleta lentamente se acercó. El hombre en la motocicleta nos miró y se paró debajo de un árbol a unos cuarenta metros de nosotros. Continuamos caminando hacia la comunidad mientras que el habló por su celular. Llegamos a la Zona Humanitaria después de treinta minutos pasando por los mismos cultivos de banano donde se vieron a los encapuchados. Varios miembros de la comunidad nos estaban esperando. Muchos estaban asustados por lo que había pasado.

Al día siguiente, los militares llegaron afuera de la Zona Humanitaria de Caracolí. Supuestamente los militares deben mantener un perímetro de protección alrededor de la Zona Humanitaria—no lo han hecho en más de dos meses. Regresamos a Camelias después del desayuno cerca de las 9:30 a.m.

El 23 de octubre dos hombres desconocidos y vestidos de civil con equipos de GPS llegaron a la Zona Humanitaria de Caracolí cerca de cuatro horas después que salimos. Personas de la comunidad les preguntaron a los dos hombres sobre su presencia en la comunidad. Solicitaron saber quiénes eran. Los dos hombres decían que tenían familia en la zona y se reían; decían que un líder de la comunidad les estaba esperando; y finalmente decían que eran militares. El jefe del perímetro confirmó que sí eran militares. Los dos hombres supuestamente querían hablar de la situación de seguridad en la región. Cuando uno de los líderes de la comunidad dijo que esto se discutía en las reuniones de seguimiento a las medidas provisionales en Bogotá, uno de los dos hombres le llamó “grosero” y se negó a continuar hablando con el líder. Los dos hombres insistieron en reunirse con otros miembros de la comunidad, pero la comunidad apoyó la decisión del líder y se retiró. Los dos hombres sacaron fotos, registraron su ubicación con el GPS y salieron.

Nosotros retornamos a Caracolí con observadores internacionales dentro de una hora de la llegada de los hombres. Ellos ya habían salido. Una hora después, el perímetro militar también salió.

El 24 y el 25 de octubre en horas de la noche hombres desconocidos entraron a la comunidad de Caracolí. Según información de personas de la región estos hombres pertenecen a las Águilas Negras, un grupo paramilitar de la zona.

Las personas de la Zona Humanitaria de Caracolí viven en un ambiente tenso. La mayoría de los miembros de la comunidad fueron desplazados forzosamente en 1997. Los eventos de esta semana no sorprendieron a nadie, pero seguramente en la comunidad causaron temor. Esta forma de presión constante intenta continuar con la misma meta de la violencia descarada de los últimos quince años—sacar a la gente del territorio y facilitar la implementación de megaproyectos.

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